Los preceptos de la Medicina Natural nos manda consumir alimentos crudos para preservar la salud pues constituyen una fuente muy rica en nutrientes y se correlaciona insistentemente con un índice menor de enfermedades.
La vida moderna ha traído aparejada una serie de inconvenientes para la salud del hombre, desde el momento que sus hábitos alimenticios fueron cambiando al ser influenciados por un ritmo de vida vertiginoso donde ya no tienen cabida los alimentos caseros tan nutritivos ni la tranquilidad o ausencia de stress necesaria para una correcta digestión de las comidas.
En una sociedad cada vez más desnaturalizada, donde las frutas y verduras crudas desaparecen progresivamente de la dieta, se produce un déficit del aporte de nutrientes fundamentales para su equilibrio a raíz de que los alimentos procesados o cocinados pasan a convertirse en la opción preferencial de alimentación para el hombre moderno.
Los apremios característicos del ritmo de vida actual nos inducen a saciar nuestro apetito de manera rápida y vertiginosa, generalmente a destiempo, buscando acallar la sensación de hambre con alimentos generalmente muy atractivos pero con escaso valor nutricional. En otras palabras, simulamos alimentar nuestro cuerpo pero en realidad no lo estamos nutriendo, lo estamos saciando con elementos nocivos para la salud, y tarde o temprano nuestro cuerpo deberá comenzar a pagar por ello.
Los Principios de la Medicina Natural nos indican que cuanto menor sea el grado de procesamiento de un alimento mejor será su retorno en términos de valor nutricional. Aquí es donde las frutas y alimentos vegetales crudos brillan en toda su plenitud ya que constituyen un complemento ideal para una dieta sana y equilibrada. Los alimentos crudos nos ofrecen sus nutrientes y propiedades con una composición química determinada, que sufre modificaciones importantes si son cocinados. La mayoría de las vitaminas y minerales contenidos en los alimentos son muy sensibles al calor, por lo que se pierden cuando son sometidos a un proceso de cocción. Otros elementos, como las proteínas y las grasas, se transforman por la acción del calor y llegan a ser dañinos para la salud.
La alimentación a base de frutas y verduras crudas ofrece una ganancia neta sin paralelos sobre el resto de los alimentos. Ricos en vitaminas, minerales, proteínas y enzimas, su valor alimenticio las convierte en aliadas inestimables en el mantenimiento de la salud.



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